Revista de Estudios Utópicos

2 (3) enero-junio 2026, 72

eISSN: 3101-0180

https://doi.org/10.3989/reutopia.2026.2.3.72

Reseña

El ocaso de koinonia: la distopía en la literatura norteamericana

Andrea Burgos Mascarell y Miguel Martínez López.

Universitat de València 2024. pp. 216

ISBN: 978-84-1118-338-3

Almudena Machado-Jiménez

Departamento de Filología Inglesa, Universidad de Jaén España

La utopía, por definición, encierra una paradoja: equipara la virtud de una sociedad con la imposibilidad de su materialización. Concebir la utopía, pues, es emprender un viaje constante hacia el horizonte: visible pero inalcanzable; no se puede medir, pero limita nuestra visión. Diversos estudios sitúan la utopía precisamente en ese horizonte (Sargisson 2012Sargisson, Lucy. (2012). Fool’s Gold? Utopianism in the Twenty-First Century. Londres: Palgrave., Suvin 2016Suvin, Darko. (2016). Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre, editado por Gerry Canavan. Bern: Peter Lang.). El título El ocaso de koinonia, por tanto, no es accidental: más allá de ser un mero recorrido histórico de la distopía literaria norteamericana, ofrece una radiografía exhaustiva de su sociedad y, más concretamente, un estudio genético de su ciudadanía actual.

El ocaso de koinonia une dos conceptos ligados a la utopía. Por un lado, la elección del término griego remite a una visión judeocristiana donde prima la unión no solo entre individuos y lo divino, sino también entre todos los miembros de la comunidad. Esta comunión, que trasciende el individualismo, se ve amenazada por el ocaso, entendido en su significación más literal como la puesta de sol al traspasar el horizonte, que marca el final del día, pero que, de forma más metafórica, marca la decadencia de todo un imperio o del propio individuo. Es su segunda acepción la que nos adentra en la naturaleza de la distopía: en el momento en que ese horizonte utópico se cruza, comienza su inevitable declive. Si bien, por un lado, este ocaso de la koinonia supondría la corrupción del sentido comunitario, esta obra demuestra cómo muchas de las primeras narrativas distópicas castigan este modelo social, que se representaría como un socialismo temerario y como causante del desmoronamiento de la utopía americana.

La nación estadounidense recrea, en parte, la separación fundacional de Utopos del resto de Abraxa: un lienzo en blanco lejos del viejo continente, pero bañado en la sangre de indígenas y esclavos. Su identidad nacional se construye más allá del conocido “Life, Liberty and the Pursuit of Happiness”, enfatizando también la cultura del esfuerzo y la propiedad privada, como señalaba Crèvecoeur en su carta “What Is an American?”: “Here the rewards of his industry follow with equal steps the progress of his labor; his labor is founded on the basis of nature, self-interest” (1782/2012, 607Crèvecoeur, J. Hector St-John de. 1782/2012. “Letters from an American Farmer”. En The Norton Anthology of American Literature. Volume A: Beginnings to 1820, editado por Nina Baym et al., 605-625. Nueva York y Londres: Norton.).

Esto se enlaza con la visión religiosa de la tierra de las oportunidades, que Weber (1946Weber, Max. (1946). “The Protestant Sects and the Spirit of Capitalism”. En From Max Weber: Essays in Sociology, editado y traducido por H. H. Gerth y C. Wright Mills, 302-322. Oxford: Oxford University Press.) denominaría Sektengesellschaft, que fomentaría un individualismo radical y una modernización capitalista contradictoria con sus valores altamente tradicionalistas. Así, la utopía norteamericana será, como este libro destaca, “tan colectivo y nacionalista como individualista, tan ávido de progreso como reticente y receloso a los cambios” (97). El resultado de esta receta inusual, cuyo agente primario es la defensa de la libertad, nos avisa de un subyacente anti-utópico, pues, como advertirá la autoría de El ocaso de koinonia, nada es “más opuesto a la libertad que la utopía” (27).

En esta tesitura, se entiende cómo la naturaleza idiosincrática de la utopía (y distopía) norteamericana descansa sobre cimientos frágiles, donde comunidad se confunde con uniformidad. El tiempo nos da la razón. El valor de esta obra reside precisamente en su exégesis cronológica y en la magnífica contextualización de las piezas analizadas, que nos hacen entender como estas distopías son una ventana de su tiempo y fruto de la ideología de su autor, aunque puedan extrapolarse como dilema de cualquier tiempo futuro. Y, a pesar de las múltiples formas que ha ido tomando este género en Estados Unidos, sí hay algo evidente en el estudio de su evolución: la asfixia de su propio modelo ‘utópico’ liberal ha sido, finalmente, la que acabó erosionando el sueño americano.

La introducción del libro ya pone de relieve la desesperanza que genera la imposibilidad de ejercer la utopía y cómo la proliferación de distopías puede fomentar el riesgo de conformismo. Esta comodidad que nos ofrece la distopía como “salida a la permanente incertidumbre sobre el fin de los tiempos” ( 13) recrea el porsiemprismo de Tanner (2023Tanner, Grafton. (2023). Foreverism. Cambridge: Polity Press.), una tendencia a eternizar el presente que obstaculiza la capacidad de imaginar futuros alternativos. No obstante, el trabajo de Burgos Mascarell y Martínez López nos recuerda la verdadera función de las distopías: no como mero escapismo ni como espacio de confort, sino como una herramienta de crítica social.

Tras la introducción conjunta, el libro divide su autoría: los primeros tres capítulos son de Martínez López y los siguientes de Burgos Mascarell. La obra se nos presenta perfectamente balanceada entre labor de investigación y divulgación, y aunque los capítulos siguen un orden cronológico-temático en la selección de obras a analizar, el primer capítulo abre con un análisis holístico de la compleja relación distopía-utopía que, aunque no es algo que no se haya realizado anteriormente, estimo relevante no solo por su carácter didáctico, sino porque también ayudará a resaltar los difusos límites entre ambos dentro de la nación estadounidense desde sus orígenes.

Es llamativo como Martínez López, en la apertura de su bloque, abre con un paralelismo entre la literatura distópica y la juvenil, relación que retoma Burgos Mascarell al cierre. Su comparativa constituye una interesante aportación a los estudios utópicos, pues la naturaleza de ambos géneros radica en la liminalidad de lo descrito: una sociedad buena o mala; una persona que no es ni infante ni adulta, sino ambas y ninguna a la vez. Sus representaciones literarias funcionan como agentes transformadores del pensamiento: en el primero se nos advierte de un futuro sombrío, y en el segundo, de los desafíos del mundo adulto. Y al igual que la mercantilización de la distopía, la literatura juvenil puede verse desprovista de su mirada crítica cuando cae bajo el cepo infantilizador, como observaremos más adelante en el séptimo capítulo del libro.

Martínez López reconoce las dificultades para compilar el corpus distópico estadounidense, dada su vasta producción, especialmente a partir del siglo XX. Recalcan la labor de compilación encomiable que Lyman Tower Sargent realizó en 1988, y aunque esta actualización pueda parecer algo limitada, resulta novedosa por su combinación de obras globalmente conocidas con otras menos populares, que nos enseñan las particularidades del pensamiento ‘utópico’ imperante en un país cuya máxima exige la búsqueda de la felicidad para todo individuo. Decidir cómo se esboza esta felicidad para la mayoría, como bien apunta Martínez López (24), ya se convertirá en la antesala de debates literarios y sociales.

Tras abordar la terminología básica, Martínez López dedica dos capítulos a recorrer la historia temprana de la distopía norteamericana hasta su proliferación y su boom a mediados del siglo XX. En el Capítulo II es notorio cómo varias distopías ofrecen realmente una crítica a la utopía como constructo socialista (como así reflejaba Bellamy), teniendo sus firmantes, de forma mayoritaria, un tono conservador y racista. Si bien se entiende que estas obras estuvieron fuertemente ancladas en los prejuicios de su época bajo un contexto de crisis e inmigración masiva, no justifica la hipocresía de ciertos discursos, como el de Vinton con su Looking Further Backward (1890), donde critica la inmigración como agente disruptor del liderazgo norteamericano—en unas tierras donde los colonos ya habían irrumpido inicialmente—y más tarde el del acaudalado político David M. Parry con su The Scarlet Empire (1906), que señala el socialismo como arrebatador de la individualidad. Este pensamiento contrasta con el de autores coetáneos europeos como Oscar Wilde, quien defendía el socialismo y la eliminación de la propiedad privada no solo como herramienta clave para la prosperidad social, sino también para el propio desarrollo de un individualismo sano (1891/1997Wilde, Oscar. 1891/1997. “The Man Under Socialism”. En Collected Works of Oscar Wilde, 1039-1066. Hertfordshire: Wordsworth Editions.).

Estas voces seleccionadas, pese a sus sesgos ideológicos, ya preveían guerras entre naciones y compartían una visión ecologista. Estos miedos son capturados en el siglo XX y, como consecuencia, dejarán poco margen para vislumbrar utopía alguna (61). En el capítulo III, la descripción del país como primera potencia mundial demográfica, a la par que como espacio donde ocurre la muerte de la utopía, resulta inquietante y, de nuevo, reitera la necesidad de ahondar en las contradicciones del sueño americano. Las obras seleccionadas señalan una correspondencia entre un mundo sin trabajo y un vacío espiritual, lo que refuerza esa idea que ya germinaba en Crèvecoeur: la cultura del esfuerzo es transversal a todo impulso utópico de esta nueva nación. Y aunque hay obras como la de Anna Dodd que señalan un uso hedonista de la tecnología, que da como resultado una Nueva York sin alma, el paso de las décadas evidencia cómo la aceleración capitalista, más que el socialismo, despoja de sentido a la utopía para favorecer a una élite tecnoutópica, tema que Burgos Mascarell explora luego en contextos como el ciberpunk y la ecocrítica.

Sin embargo, no todas las distopías tempranas son un ataque al socialismo. Martínez también otorga un peso central en su análisis a obras como The Iron Heel (1908), de Jack London, que critican el capitalismo por la concentración de la riqueza en manos de unos pocos. Quizás por eso han alcanzado mayor reconocimiento internacional, aunque no fueran tan bien recibidas en un entorno donde el capitalismo también marcaba la brújula moral. Por otro lado, aunque el foco está en la distopía norteamericana, resulta imposible no incorporar el debate entre Orwell y Huxley al abordar su narrativa en el siglo XX. Aunque el posicionamiento antagónico entre ambos autores creo que ha sido superado en el siglo XXI con el refinamiento de un estado integral, como definía Gramsci (1947/1971Gramsci, Antonio. (1947/1971). Selection from the Prison Notebooks, editado y traducido por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell-Smith. Nueva York: International Publishers.), su referencia ayuda a comprender la instauración del power worship y la hiperespecialización de la población, elementos clave en la distopía moderna que, como bien indica el autor y más tarde Burgos Mascarell, quiebran hasta las democracias más sólidas (74-75).

Burgos Mascarell inicia sus capítulos con una clasificación temática en la que se aborda la otredad y se formula una crítica contundente a la comercialización de las distopías como un fetiche mercantil más allá de su calidad literaria. En este proceso, la autora explica cómo la producción resultante se convierte en un placebo social, lo que nos conduce a un utopismo falaz. Este planteamiento aborda tres juicios: que es más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo, como afirmaba Fisher (2009); que esta forma de consumo de las distopías instrumentaliza el impulso utópico de la ciudadanía para reforzar la élite neoliberal; y que dicha instrumentalización está ligada al Disneyfication de Suvin (2003Suvin, Darko. (2003). “Theses on Dystopia 2001”. En Dark Horizons. Science Fiction and the Dystopian Imagination, editado por Raffaella Baccolini y Tom Moylan, 187-202. Nueva York y Londres: Routledge.), pues la infantilización incapacita cualquier transformación que nos haga madurar.

Aunque existen ejemplos de distopías críticas con cierta esperanza, en la actualidad se observa una tendencia hacia lo anti-utópico. Burgos Mascarell aquí afirma que la homogeneización de las utopías conlleva la eliminación de la violencia y del libre albedrío (110), pero considero relevante puntualizar que nunca se elimina: esta homogeneización supone la normalización de estas violencias, que se justifican como mecanismo esencial para garantizar el bienestar social. Esto, junto a la teatralización de la felicidad, dificulta vislumbrar si verdaderamente es posible materializar la utopía, o si simplemente ejemplifica violencia positiva, como explica Han (2018Han, Byung-Chul. 2018. Topology of Violence, traducido por Amanda DeMarco. Cambridge y Londres: The MIT Press.). A diferencia de las formas de violencia en las distopías de décadas anteriores, esta “becomes completely invisible at the moment it merges with its opposite, that is, with freedom” (vii). Ante esta tesitura complicada, la autora señala varias salidas, que van del nihilismo conformista a posturas más esperanzadoras.

Obras como This Perfect Day (1969) de Ira Levin ya predicen que el valor de la otredad, es decir, de inmigrantes o mujeres, reside únicamente en su capacidad de (re)producción para la prosperidad de la élite. Esto también sucede en muchas obras feministas, si bien es notable que el feminismo haya supuesto la mayor contribución a las distopías críticas. Desde el prisma ecocrítico, también se defiende imaginar finales felices para evitar el fatalismo. Sin embargo, la autora también recalca la difícil relación entre la humanidad y la tecnología desde perspectivas feministas y ecocríticas: por un lado, su fusión desafía la función biológica esencialista en la que la mujer es encorsetada, pero por otro, refuerza estructuras patriarcales debido a la “weaponisation of technology” (Bates 2025, 10Bates, Laura. 2025. The New Age of Sexism. How the AI Revolution is Reinventing Misogyny. Londres: Simon and Schuster.). En ecocrítica, se advierte el mismo planteamiento: ¿podría la tecnología salvar a la naturaleza de su propia muerte cuando esta ha sido su verdugo? En este sentido, ambas corrientes critican la masculinidad como agente tóxico responsable de muchas distopías resultantes.

La propia liminalidad de estas identidades ganará protagonismo en el último capítulo de Burgos Mascarell, que cierra el círculo con la importancia de la distopía en la configuración de miradas críticas hacia la adultez. Aquí la autora retoma la discusión sobre la ambigüedad de distopía/adolescencia. Que la literatura juvenil beba del fenómeno fan nos constata, por su similitud, que la ficción distópica también es reflejo de un constructo social que va más allá de lo textual. Y aunque, como afirma Burgos Mascarell, la democratización de la tecnología puede convertir a la población más joven en agentes literarios activos, también es un arma de doble filo, pues en estas plataformas se normalizan dinámicas románticas tóxicas.

La mayoría de las novelas distópicas juveniles analizadas, siendo las sagas de Los Juegos del Hambre (2008-2010) y Divergente (2011-2013) las más conocidas, muestran poco avance en roles de género, limitando a las protagonistas al matrimonio o la muerte. A pesar de la lectura optimista de Burgos Mascarell de estos escenarios postdistópicos, la liminalidad en la construcción de la feminidad en estas novelas nos avisa de que, mientras se hallen entre la niñez y la adultez, se les permite jugar con los roles de género libremente, pero esta libertad se pierde al alcanzar la edad adulta, regresando a la maternidad y el altruismo por defecto.

Otras obras juveniles analizadas nos ofrecen una visión más sombría, como la serie Unwind (2007-2014), donde se mercantilizan los cuerpos no productivos para el sistema (196), lo que nos remite a teorías aún relevantes, como los residuos humanos de Bauman (2004Bauman, Zygmunt. 2004. Wasted Lives. Modernity and Its Outcasts. Cambridge: Polity Press.). Por otro lado, novelas como las de The Giver (1993-2012) ponían ya en portada la problemática del porsiemprismo, con sociedades estáticas sin pasado ni futuro (172). La revisión ofrecida en El Ocaso de Koinonia reconfigura así la perspectiva crítica sobre estas no-tan-ficciones para las nuevas generaciones.

La definición de distopía según los modelos totalitarios del siglo XX resulta, pues, insuficiente. Si tomamos este como único modelo de coerción, nos será muy difícil vislumbrar la extensión de otras violencias ejercidas en el sistema sociopolítico actual y que ya están siendo recogidas en las últimas manifestaciones distópicas del panorama norteamericano. Aunque el marco definitorio inicial parezca delimitar la distopía de forma clásica, a medida que avanzamos, vemos como Burgos Mascarell vislumbra la necesidad de ampliar el concepto para abarcar más formas de discriminación. En su análisis de distopías más recientes, ya se pone de manifiesto la armoniosa imbricación entre coerción y hegemonía, pues la ciudadanía tiene la capacidad de elección sin riesgo de exclusión. Al estar controlada y mercantilizada como únicas opciones deseables, esta ilusión de libre albedrío e individualismo acaba anulando toda disidencia y homogeneizando todo discurso sin necesidad de una violencia marcial convencional.

En menos de una década, la juventud ha pasado del activismo (e.g. Occupy Wall Street, Fridays for Future), como recoge este trabajo, a la apatía y la radicalización hacia la extrema derecha, colaborando activamente en la formación de gobiernos distópicos. Regresa la censura de la lectura (algo que ya advertía Bradbury en su Fahrenheit 451), y el power worship y el panóptico se ven perfeccionados. La violencia positiva subyacente en el sueño americano—manifiesta como “overachievement, overproduction, overcommunication, hyperattention, and hyperactivity” (Han 2018, viiiHan, Byung-Chul. 2018. Topology of Violence, traducido por Amanda DeMarco. Cambridge y Londres: The MIT Press.)—ha terminado por colapsar este sistema y, en consecuencia, su capacidad de imaginar otros topos, como concluye Burgos Mascarell:

Es este individualismo el que impide a muchas personas unirse en un frente común […]. Se le vende al individuo […] que la poca riqueza que pueda acumular, los pocos derechos o mejoras que consiga, están en riesgo constante, por lo que se crea un temor a perderlo que impide arriesgarse a mejorar (182)

La hiperindividualidad resultante se promete como una gracia universal, pero solo llega de forma líquida y precaria. El libro termina llevándonos al existencialismo del yo y a nuestra necesidad de seguir concibiendo estos escenarios para comprendernos mejor. Si bien Han muestra cierto pesimismo ante tal escenario—“political apathy and indifference, paired with increasing infantilisation of society, make collective action very unlikely” (Han 2018, 119Han, Byung-Chul. 2018. Topology of Violence, traducido por Amanda DeMarco. Cambridge y Londres: The MIT Press.)—, el trabajo de Burgos Mascarell y Martínez López nos recuerda que nuestro poder reside en seguir imaginando nuevos futuros. Si el ocaso marca el final del día, solo nos queda esperar a averiguar si este ocaso de la koinonia vislumbrará finalmente un nuevo amanecer en el panorama norteamericano y global, un nuevo capítulo por añadir, donde la reconstrucción del horizonte ayude a toda la comunidad a navegar hacia una utopía para estos tiempos de naufragio.

Declaración de contribución de autoría

Almudena Machado-Jiménez: Conceptualización, Análisis formal, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.

Declaración de conflicto de intereses

Los autores de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.

REFERENCIAS

Bates, Laura. 2025. The New Age of Sexism. How the AI Revolution is Reinventing Misogyny. Londres: Simon and Schuster.

Bauman, Zygmunt. 2004. Wasted Lives. Modernity and Its Outcasts. Cambridge: Polity Press.

Crèvecoeur, J. Hector St-John de. 1782/2012. “Letters from an American Farmer”. En The Norton Anthology of American Literature. Volume A: Beginnings to 1820, editado por Nina Baym et al., 605-625. Nueva York y Londres: Norton.

Gramsci, Antonio. (1947/1971). Selection from the Prison Notebooks, editado y traducido por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell-Smith. Nueva York: International Publishers.

Han, Byung-Chul. 2018. Topology of Violence, traducido por Amanda DeMarco. Cambridge y Londres: The MIT Press.

Sargisson, Lucy. (2012). Fool’s Gold? Utopianism in the Twenty-First Century. Londres: Palgrave.

Suvin, Darko. (2003). “Theses on Dystopia 2001”. En Dark Horizons. Science Fiction and the Dystopian Imagination, editado por Raffaella Baccolini y Tom Moylan, 187-202. Nueva York y Londres: Routledge.

Suvin, Darko. (2016). Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre, editado por Gerry Canavan. Bern: Peter Lang.

Tanner, Grafton. (2023). Foreverism. Cambridge: Polity Press.

Weber, Max. (1946). “The Protestant Sects and the Spirit of Capitalism”. En From Max Weber: Essays in Sociology, editado y traducido por H. H. Gerth y C. Wright Mills, 302-322. Oxford: Oxford University Press.

Wilde, Oscar. 1891/1997. “The Man Under Socialism”. En Collected Works of Oscar Wilde, 1039-1066. Hertfordshire: Wordsworth Editions.